
El reciente incendio en la Catedral Metropolitana de Managua destruyó el interior de la capilla de la Sangre de Cristo y la más venerada imagen del pueblo capitalino. Este evento, a pesar de las circunstancias, brinda oportunidades para regresar ese sitio de peregrinación a su estado ripristino, volverla a su estado original, tal y como fue pensada y diseñada para los nicaragüenses, para la última gran Catedral del siglo XX.
La Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María fue diseñada por el afamado arquitecto mexicano Ricardo Legorreta, concluida en 1993, y consagrada el 4 de septiembre de ese año. El próximo mes, la Catedral más nueva de América, llegará a 27 años sin su parte arquitectónica más lograda: la Sangre de Cristo.
El templo está orientado de sur a norte, siendo el norte quien mantiene la importancia y concentración de atención en el altar. Por cuestiones de escala y proporción, el crucifijo de la Sangre de Cristo fue ubicado afuera de la monumental nave principal. Se pensó en una capilla aislada, especialmente diseñada para la reliquia, donde los fieles tuvieran un espacio de meditación y rezo accesible día y noche. Por tales razones, fue adjuntada al costado oeste, en una cúpula de paredes perforadas que bañan de luz al crucifijo y dan la impresión de firmamento estrellado. Por su forma circular, iluminación y color, crea un marco propio para ese objetivo espiritual.
Durante su segunda visita en 1996, su santidad Juan Pablo II estuvo orando frente a la imagen de Cristo, con fondo rojo intenso, en un espacio que debió preservar ese aspecto místico y espiritual, sin enchapes ni adornos que restaran importancia visual a la venerada imagen, o que desentonaran y contrastaran con la solemnidad que la Catedral necesita. El color rojo en las paredes de la bóveda representa la Sangre de Cristo y es parte del concepto religioso vinculado a las otras relaciones simbólicas del proyecto. Así, el rosado Legorreta, el amarillo intenso y el violeta. En referencia a los materiales de la capilla, el “piqueteado” de la base redonda de concreto, dejado en su apariencia natural —igual que las paredes de la Catedral—, “expresa las cicatrices de tantas heridas que el pueblo de Nicaragua, y en especial la Iglesia, han sufrido a lo largo de su turbulenta historia”. A su vez, es un gesto simbólico que muestra el valor del trabajador nicaragüense y sus extraordinarias habilidades. Otro elemento que responde al mismo llamado de restauración y que desafortunadamente ha sido reemplazado, es el piso de concreto martelinado que hace juego con la alfombra de figuras geométricas en el interior del templo. Detalles adicionales pueden profundizarse en el libro La última gran Catedral del siglo XX, publicado en agosto, 2017.
La Catedral Metropolitana es nuestra Domus Aurea y un monumento contemporáneo de alto significado simbólico y cultural a nivel mundial. En 1994, ganó el Premio de Arquitectura Religiosa otorgado por el American Institute of Architects (AIA). “El diseño es solemne, pero no posee monumentalidad ni ostentación”, expresaba Legorreta, al referirse a nuestra Catedral. Sobran motivos y elementos para justificar la restauración de la capilla de veneración de la Sangre de Cristo. Sería un éxito clamoroso que la Iglesia contara con una adecuada asistencia profesional y protocolos necesarios.
Este escrito pretende respaldar una futura propuesta de restauración a la capilla, y promover, en alguna medida, el acompañamiento de profesionales para los esfuerzos de reconstrucción, basados en su diseño original. Asimismo, sugiere preservar, conservar y dejar la imagen de la Sangre de Cristo, como el gran testigo de un histórico daño antrópico, en particular, si se tiene en cuenta el momento que vive la patria. Entonces, ¿quién tomará la decisión final para la capilla y reliquia de madera de casi 400 años de antigüedad? ¿Por qué no volver la capilla a su estado ripristino? ¿Será preservada la imagen de la Sangre de Cristo o se correrá el riesgo de obtener una restauración similar al Ecce Homo de Borja?
El autor es arquitecto y máster en Arquitectura de la Universidad Católica de Chile.







